Realmente nos define cómo humanidad el ser «racionales», o somos seres más profundamente emocionales de lo que creemos.
Rápido y Furioso
Vivimos y experimentamos la vida desde las emociones. Cuanto más fuertes y ricas son más vivos nos sentimos.
La salud emocional consiste en sentirnos bien con nosotros mismos y tener un profundo sentimiento de valoración personal.
Las emociones acumuladas por nuestras experiencias de vida construyen nuestra identidad, más allá de quienes realmente somos.
La identificación con las emociones que sentimos condiciona quienes somos y nos hace adictos a ellas.
La habituación hace que las experiencias pierdan interés y no aporten la intensidad emocional que en un inicio producían; esto lleva a buscar experiencias más intensas y al límite de lo que estamos habituados y conocemos.
Llenamos nuestra vida de sentido ocupándonos de metas y proyectos cuyo resultado positivo nos llena de satisfacción, mientras su no consecución nos causa frustración.
Nuestra naturaleza como especie, nos lleva a requerir la valoración positiva de los demás, empezando por la de nuestros padres, como exigencia necesaria para la auto-valoración. El criterio que decide nuestra valía viene impuesto por los valores que representan a la sociedad en que vivimos.
Poner en el logro, en el reconocimiento, etc. nuestro bienestar emocional, siembra inconscientemente la semilla de la frustración en nuestra vida, y añade un cierto nivel de presión sobre la existencia, a la que le exigimos, el regalo de experiencias emocionalmente positivas a través de aquello que erróneamente creemos necesitar. Dejamos así nuestra felicidad en manos del logro de aquellas pequeñas satisfacciones emocionales que aparecen al alcanzar nuestro propósito.
Hay un estado emocional básico, creado por la sucesión de experiencias de vida con una dirección emocional determinada, que identificamos como parte de nuestra personalidad y que es la emoción de fondo que nos acompaña habitualmente.
El desamor o el amor no correspondido es una de las fuentes de dependencia emocional, que por su naturaleza arraigada en la esencia de nuestro ser, es difícilmente asumible.
Para comprender y recuperar nuestra esencia como seres humanos, y crecer como personas capaces de construir una nueva humanidad solidaria, es necesario que comprendamos:
- No somos nuestras emociones, solo son la forma en que experimentamos esta realidad. Las emociones nos permiten experimentar la vida en toda su profundidad, pero nuestro ser es mucho más que el mero componente emocional que lo acompaña.
- No somos esclavos de nuestras emociones. Haciendo uso de nuestra voluntad y tomando conciencia de nuestras creencias, podemos hacernos dueños de ellas
- Lo valemos todo por el mero hecho de existir (esto aplicado a cualquier ser natural o animal salvaje se hace evidente). Las valoraciones adicionales que la sociedad nos impone son relativas a sus propios valores y no se pueden identificar en absoluto, con la valía de nuestro ser.
- Asumir la pequeña muerte del yo como parte del juego, identificarnos con nuestra esencia inmortal y hacer lo que corresponda desde esta, es la forma de vivir la libertad y experimentar el juego de la vida en esta realidad.
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