¿Está el mal impreso en la naturaleza humana o proviene de algo externo?
El humano por su esencial naturaleza álmica proviene del bien.
El mal aparece como la manifestación exteriorizada de un trauma.
Los animales, en su naturaleza, no conocen el mal, viven la muerte como expresión de la vida.
La expresiones vitales de cada especie animal, aunque conlleven la muerte, no se traumatizan entre ellas.
Los animales heridos, castigados, etc. por expresiones del mal, manifiestan la maldad.
El hombre que sufre la maldad y no vive de acuerdo con los principios de la naturaleza para los que fue creado, activa la semilla por la que manifestará la maldad. Sólo la capacidad de su alma para comprender, asumir y sanar la naturaleza de las cosas y sus experiencias de vida, puede revertir el mal en bondad e imponer la naturaleza amorosa de su alma sobre la densidad de la materia.
¿De dónde proviene el mal? ¿Dónde nace?
Nuestra alma habita un cuerpo que tiene la capacidad de expresar infinidad de potencialidades diferentes. Las experiencias que tendrá en una vida dependerán del contenido de la matrix en la que habite.
Un aspecto de la matrix está compuesto por todo el sistema de creencias impuesto desde la niñez, que determinan el conjunto de lo posible.
La matrix, como conjunto de posibilidades con que se programa una realidad, sólo habilita un conjunto de posibilidades para una experiencia.
Al construir la matrix que habitamos se le añadió el mal. Esto fue posible debido a la densidad de las frecuencias de la realidad que habitamos.
El miedo y el trauma son los detonantes para su manifestación.
¿Tiene algún sentido espiritual y profundo que exista el mal en esta matrix?
Todos viviríamos mejor sin el mal. Sin él estaríamos en el paraíso.
Desde una perspectiva espiritual, debemos asumir la realidad tal como se nos presenta y convertir la densidad que posee en la luz del alma.
El mal se convierte así en un motivo para:
- Reconectarnos, sin dilación, con nuestro ser más profundo.
- Llegar a la comprensión de su auténtica naturaleza.
- Revertir la negatividad en luz.
- Devolver a Dios la manifestación de la densidad transformada de nuevo en su naturaleza divina.